Lo que me tiene turbado no es que sean maleducados y ruidosos. Ni siquiera me importa que hayan hecho una fortuna explotando a su hija con canciones de radiofórmula. Lo que realmente me molesta es que sean… ¡mis vecinos!
— ERNESTO SANDOVAL
Mis adorables vecinos gozó de una gran acogida (líder en la noche de los domingos con un 30% de cuota de pantalla y unos 5 millones de espectadores), pero no es en absoluto la serie que yo quería hacer.
Antes incluso de emitirse el último episodio de Policías en el corazón de la calle, presenté en Antena 3 el proyecto Un mundo aparte, un drama con resonancias de una de las novelas que más he releído y gozado a lo largo de mi vida: Mi familia y otros animales, de Gerald Durrell. Pese a que en la cadena estaban orgullosos de la buena imagen que les dio Policías, rechazaron de plano mi propuesta. En ese momento, Telecinco arrasaba en audiencias con la comedia costumbrista Los Serrano, también de Globomedia, con Dani Écija como productor ejecutivo, y Antena 3 quería apuntarse a esa tendencia, nada de dramas exquisitos.
En la productora se debatió la estrategia a seguir; yo defendí a ultranza la necesidad de ahondar en la línea que había iniciado con Compañeros y Policías, calidad y audiencias no tenían por qué ser incompatibles, pero el exiguo mercado era el que era y se impuso el pragmatismo. Fue muy frustrante, lo viví como un paso atrás, pero me puse manos a la obra con todo mi empeño. No sé hacer las cosas de otra manera.
Soy de Usera, de padres andaluces que emigraron a Madrid con una maleta de cartón el mismo día de su boda, sin convite ni celebraciones. Soy un boomer al que le fue tan bien en el oficio de contar historias que, justo cuando estábamos pensando qué comedia le podría encajar a Antena 3, me estaba mudando a una urbanización bastante pija, y uno de mis nuevos vecinos era Francis Lorenzo, a quien conocía de Médico de familia y Compañeros. Así que puse mucho de mi propia experiencia vital en la premisa de la nueva serie: una familia de Usera —unos nuevos ricos ordinarios, ruidosos, malhablados—, se traslada a vivir puerta con puerta con una familia bien, unos finolis, presumidos y estirados. El vídeo casero que enseñamos en la cadena para contarles de qué iba Mis adorables vecinos, a ver si esta vez sí les convencíamos, lo grabamos en mi casa y en la de Francis. Funcionó.
El reparto, encabezado por Paz Padilla y Juanjo Cucalón frente a Miriam Díaz Aroca y Francis Lorenzo, representaba a la perfección el choque entre las dos maneras de ver la vida.
En la confrontación entre ambas familias, había treguas y deserciones. Pese a la educación y las formas diversas, entre las mujeres prevalecía la empatía y la sororidad. Entre los hombres… ¿cuál creéis que era la pasión primitiva que los reconciliaba?
Para el casting de niños, se hicieron cientos de pruebas. Y entre los jóvenes para mí fue un agradable descubrimiento trabajar por primera vez con Nuria Gago y Alberto Amarilla, la pija y el chulillo de barrio.
Fue una serie muy rentable para Globomedia, con ventas internacionales e incluso una versión griega que calcaba la nuestra: Latremenoi mou geitones.
Metidos en harina, me lo pasé muy bien en la producción de Mis adorables vecinos, con un equipo sobradamente preparado tras la experiencia de Policías.
Pero no acabó tan bien para mí. Por discrepancias con la productora (sentí que se socavaba mi autonomía como máximo responsable de la serie), renuncié a mi trabajo al acabar la segunda temporada, así de digno soy. Fue muy desgarrador. Pese a todo, la recuerdo con cariño, y de aquel tiempo extraño me quedo sobre todo con las risas.