Médico de Familia

  • 1995
  • Telecinco
  • 9 temporadas
  • 119 episodios

Era guapa, ¿verdad? Mi mamá se llamaba Elena y murió en un accidente de coche hace año y medio. Todos nos acordamos mucho de ella. Sobre todo, papá.
— CHECHU

Guion temporadas 1 y 2

Manuel Valdivia (creación, co-producción ejecutiva))
Juan Carlos Cueto
Nacho Cabana
Manuel Ríos
Felipe Mellizo
Juan Vicente Pozuelo
Ernesto Pozuelo
Curro Royo
...

Dirección

Daniel Écija (producción ejecutiva)
Jesús del Cerro
Juan Carlos Cueto

Reparto

Emilio Aragón - Producción ejecutiva
Lydia Bosch
Francis Lorenzo
Luisa Martín
Pedro Peña
Gemma Cuervo
Isabel Aboy
Aarón Guerrero
Antonio Molero
Jorge Roelas
Ana Duato
Lola Baldrich
...

Con un pan bajo el brazo

Mi primer hijo nació a la vez que se ponía en marcha Médico de familia. La vida me cambió en todos los sentidos, pero no solo a mí. La noche que se emitió el primer episodio, el 15 de septiembre de 1995, cuando el pequeño Chechu recuerda en un vídeo doméstico lo mucho que echa de menos a su mamá, no éramos conscientes de la que se nos venía encima: el terremoto que transformó la industria de ficción en España y que llevó a Globomedia a convertirse en una de las principales productoras europeas.

Yo confieso

La serie que cambió mi vida corrió el serio riesgo de acabar con mi reputación y, sobre todo, con la de su carismático protagonista, Emilio Aragón. A media mañana del martes 7 de octubre de 1997 declaré ante un juez, como testigo obligado a decir la verdad, que Emilio, sentado a mi espalda en el banquillo de los acusados, no había tenido ninguna intervención en la creación de Médico de familia, y que en realidad era a mí a quien debía responsabilizarse de un supuesto plagio. Esa acusación la lanzó el productor José Frade; sostenía como prueba una breve sinopsis concebida para que Emilio protagonizara un largometraje, con una trama policiaca, y cuyo único parecido con nuestra serie consistía en que el personaje central también era un viudo con tres hijos, igual igual que la serie de vaqueros Bonanza o la tragedia El rey Lear, de Shakespeare.

A la izquierda, doy explicaciones a Emilio durante la grabación. Él era inocente y el “culpable”, yo.

Lo que siguió fue una suerte de master class en la que relaté cómo había sido el proceso de creación. El juez no pudo evitar las risas cuando le revelé que me costó horrores convencer a Emilio de que su personaje fuera viudo; él prefería el modelo de padre y esposo ejemplar, como en su serie favorita: La hora de Bill Cosby. A su señoría le expliqué en qué consiste la estrategia de “la tensión sexual no resuelta” y por qué, descartada la infidelidad, decidí que el protagonista no fuera divorciado sino viudo: el conflicto del enamoramiento entre Nacho Martín y su cuñada, Alicia, se convirtió en el poderoso eje vertebrador de la serie.

Nadie acertó la porra de las audiencias

Antes del estreno de Médico de familia, se organizó una porra entre los miembros del equipo. La más optimista fue Chus Rueda, estilista: todos la vacilamos porque pronosticó nada menos que un 33% de cuota de pantalla. Yo hubiese firmado un 25%. Aunque no acertó ni de lejos, le dimos la pasta a Chus y un gran abrazo. Ese primer capítulo lo vieron 7.614.000 espectadores, un 43,6%, y de ahí para arriba: al final de la primera temporada, con el episodio Dile a Alicia que la quieres, se sobrepasaron los nueve millones de espectadores; el capítulo de la boda, en el desenlace de la quinta, rozó los once millones.

Además, los 119 episodios de Médico se vieron en medio mundo; incluso se realizaron adaptaciones locales en Portugal y en Italia. La versión de la RAI, Un Medico in famiglia, fue mucho más lejos que la original: se emitió durante 19 años, hasta 2016, con un total de 286 episodios.

El secreto del éxito

Yo dejé pronto la serie con parte del equipo para poner en marcha otros proyectos, algunos seguramente más maduros y arriesgados, mejor elaborados, aunque la magia de Médico fue irrepetible. Aún hoy, escucho la sintonía de la cabecera y me vienen a la cabeza momentos inolvidables. Y me emociono, claro.

Invitado por Mediaset, la matriz de Telecinco, estuve unos días en Milán impartiendo un seminario a productores ejecutivos, directores y guionistas. Al igual que al magistrado que juzgó a Emilio, les expliqué el proceso de creación de la serie y cómo cada guion se cocía en la sala de guionistas, con escritores muy diversos acompasados por una sola voz, la del showrunner —entonces lo llamábamos “coordinador de guiones”—, un método de trabajo a la americana, aunque yo desconocía por completo ese modelo y lo fuimos perfilando por pura intuición, resolviendo en el día a día los problemas con los que nos encontrábamos, creando herramientas narrativas a la medida de las necesidades.

Sin embargo, fui incapaz de transmitirles la fórmula, el secreto del éxito de Médico de familia, la rara alquimia de aquella historia que divirtió y conmovió a tanta gente en todas partes. 

Sin duda, el entrañable carisma de Emilio Aragón resultó un factor fundamental; también la dirección de Daniel Écija, con un talento natural para dar vida a los personajes y sus emociones.

Pero había algo más, un no sé qué inasible, quizá en el tono cercano y empático; quizá en la verdad con la que se trataban las tramas bienhumoradas y las más dramáticas, donde nos atrevimos a hablar de asuntos de los que ninguna serie familiar hablaba: el sexo entre adolescentes, la adicción al alcohol y las drogas, el paro y la desigualdad, la soledad de los ancianos, la sanidad pública, la anorexia, el autismo, la integración de los discapacitados, el fracaso escolar, la ludopatía, el rechazo a los seropositivos, la inmigración y el racismo,  la depresión, el consentimiento o “cuando digo no es no”, la violencia machista...

El encanto de la cercanía

Ante el juez expuse que una de mis principales fuentes de inspiración para dar con ese tono entre el drama y la comedia realistas, como la vida misma, fue la película La gran familia, que me marcó cuando era niño.

Tuve la oportunidad de reconocérselo, en una comida inolvidable, al propio Pedro Masó, su productor y guionista. Como espectador, adoro la naturalidad y la verdad: en los grandes momentos y también en los cotidianos. Por eso me gusta tanto la escena con la que se cerraba el primer episodio de Médico, una barbacoa en el jardincito del adosado de la familia, su nuevo hogar; una situación en la que no pasa nada en particular, sin puntos de giro abracadabrantes, solo gente corriente, cordialidad en torno a unas chuletillas, el encanto de la proximidad.

La creación de una serie se hace realidad tangible en la "biblia", el documento con el que trabajamos guionistas, directores y productores para mantener la coherencia del proyecto. ¿Quieres saber cómo nació todo?