Fuera de control

  • 2006
  • Televisión Española
  • 13 episodios

Me gustaría ser feliz… pero no tengo tiempo.
— SONIA

Guion

Manuel Valdivia (producción ejecutiva)
Pablo Barrera
Chus Vallejo
César Vidal
Nuria Bueno
Manuel Ríos
Nicolás Romero
Rubén Pacheco
Bárbara Alpuente
Rodrigo Martín
José Ángel Lavilla
Ángela Obón

Dirección

Pablo Barrera (producción ejecutiva)
Sandra Gallego
Mar Olid

Reparto

Amparo Larrañaga
Loles León
Joaquín Kremel
Paulo Pires
Marta Ribera
Raúl Fernández
Rocío Madrid
Pedro Mari Sánchez
Raquel Pérez
Diego González
Santiago Molero

Sensación de derrota

En todos estos años desde que se estrenó Fuera de Control en enero de 2006, no había vuelto a ver ni un segundo de la serie: me dolía demasiado acordarme. Mi sensación de fracaso no se debía solo a las audiencias. Ahora visiono el comienzo del primer capítulo y me quedo enganchado. No estaba nada mal, aunque no me alivia: yo sé que me equivoqué.

Si todo estaba muy bien

Leo las notas que escribí para presentar Fuera de Control a los medios y no puedo poner un pero al Manuel de 2006:

  • El título alude al mundo de la tele: el control como centro neurálgico de un programa informativo en directo.
  • “Fuera de control” también sugiere comedia: la tensión como generadora de humor.
  • Y define la vida de sus protagonistas. La prisa, la urgencia, la implicación en el trabajo, la inestabilidad de las relaciones personales: Me gustaría ser feliz, pero no tengo tiempo.
  • Tramas periodísticas. Magacín de actualidad con historias de carácter humano.
  • Historias de la tele: la vida detrás de las cámaras, la lucha de egos, canallas, pero también el orgullo de profesionales que se vuelcan en hacer bien su trabajo.

Visiono el magnífico making of y me sorprendo: ¡qué bonita era la serie! Si todo estaba muy bien.

Y no, no todo estaba bien.

Error de tono

Fuera de control lo tenía todo para ser una buena serie, unos magníficos ingredientes que yo no supe encajar por una mala decisión en un factor que parece no tener mucha importancia y es esencial: el tono.

Cuando en la productora Globomedia propuse hacer una franquicia profesional tan poco habitual en las series como la de la tele, me dieron el visto bueno, pero con una consigna: que no se pareciera en nada a Policías. En una primera versión sobre el papel titulada “En el aire”, la serie era una comedia pura. Se trataba de la primera ficción de Globomedia para TVE y esa parecía la apuesta más segura.

Después reculé. Con la comedia desvergonzada, con estilo de sitcom, se podría atraer a público joven y urbano que rara vez veía TVE, pero el perfil de audiencia predominante en la cadena pública era mayor y rural. Así que opté por meter cierta dosis de naturalismo en las historias. Sin embargo, la verdad de algunos conflictos casaba mal con un tono de comedia a veces exagerado, con algunos personajes que rozaban la caricatura.

Por si fuera poco, obligados a producir capítulos larguísimos, los momentos de drama se diluían en una corriente ininterrumpida de humor, imposible mantener el ritmo de la buena comedia durante 75 u 80 minutos, una duración que casi cuadruplica la de las clásicas sitcoms.

Lo que pudo ser y no fue

Debí recular del todo, no a medias, y aplicar el tono y las estrategias narrativas que ya habíamos probado con gran eficacia en Compañeros y Policías. Solo lo hice de manera muy ocasional.

Fuera de Control debió ser un drama potente, pura realidad en los sentimientos y en los temas sociales de las noticias, emoción desde la verdad. Y con la comedia justa, apenas unos chispazos como improvisados, en tono real, como el humor que surge espontáneo en la vida. Ni siquiera planteé el debate. Me traicioné a mí mismo. No sé si se habría conseguido más audiencia, pero habríamos hecho una serie mejor.

Un final feliz

Y lo lamenté mucho por el equipo y por Amparo Larrañaga, la más destacada entre las cosas buenas de Fuera de Control. Ella iba a ser la protagonista de Un mundo aparte, un precioso drama que un par de años antes rechazó Antena 3. Teníamos muchas ganas de trabajar juntos… pero me equivoqué. Lo siento, Amparo.

Como desagravio, ya que nos cancelaron sin poder rematar la historia, en este vídeo me he permitido el montaje de un final feliz.