Me gustaría ser feliz… pero no tengo tiempo.
— SONIA
En todos estos años desde que se estrenó Fuera de Control en enero de 2006, no había vuelto a ver ni un segundo de la serie: me dolía demasiado acordarme. Mi sensación de fracaso no se debía solo a las audiencias. Ahora visiono el comienzo del primer capítulo y me quedo enganchado. No estaba nada mal, aunque no me alivia: yo sé que me equivoqué.
Leo las notas que escribí para presentar Fuera de Control a los medios y no puedo poner un pero al Manuel de 2006:
Visiono el magnífico making of y me sorprendo: ¡qué bonita era la serie! Si todo estaba muy bien.
Y no, no todo estaba bien.
Fuera de control lo tenía todo para ser una buena serie, unos magníficos ingredientes que yo no supe encajar por una mala decisión en un factor que parece no tener mucha importancia y es esencial: el tono.
Cuando en la productora Globomedia propuse hacer una franquicia profesional tan poco habitual en las series como la de la tele, me dieron el visto bueno, pero con una consigna: que no se pareciera en nada a Policías. En una primera versión sobre el papel titulada “En el aire”, la serie era una comedia pura. Se trataba de la primera ficción de Globomedia para TVE y esa parecía la apuesta más segura.
Después reculé. Con la comedia desvergonzada, con estilo de sitcom, se podría atraer a público joven y urbano que rara vez veía TVE, pero el perfil de audiencia predominante en la cadena pública era mayor y rural. Así que opté por meter cierta dosis de naturalismo en las historias. Sin embargo, la verdad de algunos conflictos casaba mal con un tono de comedia a veces exagerado, con algunos personajes que rozaban la caricatura.
Por si fuera poco, obligados a producir capítulos larguísimos, los momentos de drama se diluían en una corriente ininterrumpida de humor, imposible mantener el ritmo de la buena comedia durante 75 u 80 minutos, una duración que casi cuadruplica la de las clásicas sitcoms.
Debí recular del todo, no a medias, y aplicar el tono y las estrategias narrativas que ya habíamos probado con gran eficacia en Compañeros y Policías. Solo lo hice de manera muy ocasional.
Fuera de Control debió ser un drama potente, pura realidad en los sentimientos y en los temas sociales de las noticias, emoción desde la verdad. Y con la comedia justa, apenas unos chispazos como improvisados, en tono real, como el humor que surge espontáneo en la vida. Ni siquiera planteé el debate. Me traicioné a mí mismo. No sé si se habría conseguido más audiencia, pero habríamos hecho una serie mejor.
Y lo lamenté mucho por el equipo y por Amparo Larrañaga, la más destacada entre las cosas buenas de Fuera de Control. Ella iba a ser la protagonista de Un mundo aparte, un precioso drama que un par de años antes rechazó Antena 3. Teníamos muchas ganas de trabajar juntos… pero me equivoqué. Lo siento, Amparo.
Como desagravio, ya que nos cancelaron sin poder rematar la historia, en este vídeo me he permitido el montaje de un final feliz.